CRÓNICA DE MI PRIMER IRONMAN
Creo que después de un tiempo de haber llegado a meta recién vengó a asimilar lo que he logrado y por eso me ánimo a relatar el largo día de 18 de mayo de 2013, el día en que logre completar el IRONMAN DE LANZAROTE, la prueba deportiva de 1 día más dura del mundo.
Un Ironman es un triatlón de larga distancia que consta de 3,8 kilómetros de natación, 180,2 kilómetros de ciclismo y 42,2 kilómetros de carrera a pie(Maratón)... Vamos, una barbaridad por donde lo mires.Dicen que el día antes de participar en un Ironman no se duerme. Pues ese mito no funciono conmigo aunque es cierto que despierte un par de veces durante las 6 horas que dormí.
Me levanté a las 4:15AM para desayunar junto a mi inseparable Iris y chequear que todo estaba en orden antes de salir del hotel. Después de un desayuno normal como el de todos los días me puse las bolsas de transición a la espalda y le di un beso de despedida a mi gran apoyo en esta locura, mi esposa, mis hijas y mi hermano que vino de chile solo para apoyarme . Y salí en dirección a boxes.
Era increíble la cantidad de gente que había en la calle a esa hora de la madrugada. Tanto me impresiono que me hizo ignorar la copiosa lluvia que caía en ese instante.
Rodeado de gente concentrada en no olvidar ningún detalle para el largo día que nos esperaba me dirigí a la bicicleta para poner en su sitio los geles, barras energéticas y el isotonico que utilizaría durante las 7 horas que duraría el recorrido ciclista(me fallaron los cálculos en las 2 cosas, cantidad de comida y tiempo) y en silencio le pedí a mi Leona que no me fallara... Pues mucho caso no me hizo.
Sin retrasar la inminente salida, bajo a la zona de boxes en la playa y sin prisa me enfundo el neopreno y me dirijo a la orilla del mar. Aún es de noche pero el agua es cálida. No tardo en encontrarme con conocidos. La misma gente que me encuentro en otros triatlones pero en esta ocasión con cada uno de ellos me fundí en un abrazo. Es normal tener esos gestos, estamos solos con 2000 personas al rededor y eso acojona montón.
Los buenos nadadores no tardaron en posicionarse en las primeras líneas de salida,mientras yo intentaba sin disimulo ir a la retaguardia. No quería problemas recién comenzado el Ironman y me habían comentado que por lo general te caen hostias "sin miserias" y eso quería evitar a toda costa.
Se acercaba la hora de la salida y el agua no dejaba de caer. Seria el primer Ironman de Lanzarote que comenzaría con lluvia. Asi que decidí cubrirme debajo del tercer arco de meta en la salida y comencé a hablar con un par de conocidos y muchos desconocidos pero la conversación se paró cuando los locutores del evento anunciaron los 5 minutos para la salida. En ese momento cada uno de nosotros nos sumergimos en nuestro propio mundo que no era otra cosa que pensar en lo que se nos venía por delante. Al anuncio de 1 minuto solté un VAMOS!!! que fue seguido de aplausos y gritos de casi todos los triatletas.
Entre gritos de euforia se escucho un disparo estridente y el rugido del público; el crono del Ironman de Lanzarote se había puesto en marcha.
Comencé a caminar hacia el agua con los brazos en alto y las manos empuñadas como convenciéndome que saldría victorioso de esta. Mi mente se trasladó a Iris, mis hijas y mi hermano que estaban a sólo unos metros pero era imposible verles, pero de verdad sentí su nerviosismo y también los deseos de que la carrera fuera bien. Incluso adivine las palabras de Iris: "Ahí va mi marido"
Nada mas ponerme en marcha para enfrentarme a los 3800 metros de natación le dije a Ángel, un chico que vive también en Fuerteventura, que nadáramos juntos. Entramos juntos al agua pero unos segundos más tarde había desaparecido en la marabunta de atletas. Nade los primero 100 metros sin sumergir la cabeza para poder orientarme bien y buscar el mejor sitio para tener una natación plácida. Una vez con ritmo comencé a buscar en mi cabeza buenos pensamientos para pasar el rato y distraerme del stress de nadar con tanta gente al rededor y pronto un pensamiento me saco una sonrisa que me hizo tragar un poco de agua pero valió la pena, ese pensamiento fue: Wow...Estoy compitiendo en un Ironman .
La primera vuelta pasó rápido y sin darme cuenta me encontré en el feroz atasco que se formó para salir del agua y enfilar hacia los casi 2000mts restantes. En un momento encuentro un hueco y me cuelo pero un grito de VAMOS ANGELO me llama la atención y veo a Iris con las niñas. No hay doping que supere el subidon de ver a tus amores empujandote a seguir.
La segunda vuelta no fue más que un trámite del que sólo tengo un recuerdo claro; Un precioso arco iris decoraba el final de la playa. Era cómo un llamado a llegar a meta, pero pronto ese idílico pensamiento se mezcló con la realidad... Ups, si hay un arco iris es porque esta lloviendo aún.
Volví a tocar la arena con una sonrisa interior felicitándome por haber terminado tan bien el primer segmento, la temida natación, 1 hora 12 minutos en el agua; todo marcha según los planes.
De camino a la transición escucho los gritos de mis compañeros del Club de triatlón Calima y unos metros más adelante veo a mi hermano que no dejo de animar y sacar fotos durante toda la prueba. Como me ayudo ver que mi hermano mayor estaba conmigo.
El box de la T1 estaba repleto de triatletas así que busque un hueco para quitarme el traje y calzarme la equipacion necesaria para el segmento ciclista. En frente de mi bici detrás de las rejas de seguridad volví a escuchar esa voz celestial y motivadora de Iris acompañada de mis niñas. Volví a sonreír pero tenía buen ritmo y quería seguir. Con mi mente las abrace y me dispuse a pedalear los 180 kilómetros al rededor de la isla de los volcanes.
El ciclismo es el segmento más flojo que tengo ya que la bici nunca ha sido lo mío. Pero los ánimos de miles de personas me hicieron salir fuerte desde el principio casi haciéndome olvidar que nunca había rodado en lluvia. 30kms/h de media, como nunca. Mientras pasaban los kilómetros comencé a ser más conservador y baje el ritmo más que nada por el temor a tener un accidente ya que habían muchos triatletas heridos en el suelo por caídas y no permitiría que nada me parara.
Al llegar a uno de los sitios emblemáticos de esta prueba, el Parque Nacional de Timanfaya y a pesar de ser subida y tener viento en contra me veo con un ánimo genial y con muchas ganas de seguir. Es el kilómetro 50 y noto un ruido en la rueda trasera, bajo la velocidad y casi sin tiempo a mirar siento el impacto de una Triatleta alemana que seguramente por el cansancio venía mirando al suelo. Vi como la mujer voló sobre su bici y después de preguntarle como estaba mire mi Leona y me di cuenta que un radio de la rueda trasera estaba roto. Me quede unos 5 minutos con la mujer que seguía tendida en el suelo pero sin ninguna magulladura ni daño visible. Le pregunte una vez más si estaba bien y me respondió que sólo estaba cansada: Pues lo siento señora pero el cansancio es una palabra que es mejor que olvide sí quiere terminar un Ironman, le dije y seguí mi marcha.
A pesar del percance no veía deterioro en la bici por lo que decidí apretar y comencé otra vez a pasar a mucha gente. Me motivaba de sobremanera el saber que en unos kilómetros(mancha blanca) estaría animándote el A-Team, el equipo formado por Iris, Hannah, Paz y mi hermano Jean Pierre. Nada más llegar al pueblo veo una enorme pancarta no muy elaborada pero con un gran significado para quienes en esos momentos nos estábamos pegando la Paliza. "El pueblo de Mancha Blanca recibe honrado a los valientes Ironman...VAMOS!". Me saco una sonrisa de felicidad ver que mucha gente era consciente de la hazaña que intentábamos conseguir. Además de ellos había mucha gente en ese cruce. Una vez más mis compañeros del Calima cámara en mano y metros más adelante ese grito de animo de Iris que escuche en cada uno de los triatlones y pruebas que hice durante el último año y medio. No puedo seguir sin darte las gracias mi amor.
Me dispongo a bajar en dirección al Club La Santa y comienzo a notar que no voy tan rápido como debería ir. No presto mucha atención pero no quedo indiferente a la avería.
Ya en dirección a Haría pido por primera vez ayuda mecánica y me dicen que me esperarían en el Mirador de Haría, uno de los puertos complicados del circuito. Comienzo a notar problemas estomacales que no me permiten alimentarme como corresponde, eso me pasaría factura más adelante. Después de una dura subida logro llegar al mirador de Haría habiendo sudado lo mio, pero me aliviaba saber que el coche de asistencia solucionaría mi problema y podría seguir el circuito ciclista sin problemas... LOS COJONES!!! Grito mi numero para que me entreguen mi bolsa en el avituallamiento especial y al recibirla pregunto por los mecánicos. Un voluntario no tarda en decirme que habían estado allí pero que se habían ido hace más de una hora. Sin perder tiempo pido un alicate y todo el mundo se movió para conseguir uno. Mientras esperaba intentó comer un bocadillo que había hecho esa misma mañana y me doy cuenta que mi estómago no acepta alimentos. Ese era un problema mucho más grave que una rueda rota. Si no podía alimentarme no terminaría la carrera. Un voluntario llega con unas pinzas y aun con el trozo de pan en la boca intentando tragarlo me lío a cortar el radio roto. Sabía que no era la mejor solución pero no tenía muchas más en mi mente. Además que sería sólo unos kilómetros más hasta el Mirador del Río, otro puerto rompe piernas, pero allí seguro estaría el coche de asistencia.
Por fin salgo del avituallamiento especial y veo que un Triatleta de mi club que normalmente va más lento que yo pasa a buen ritmo. Había perdido mucho tiempo y había que ponerse las pilas si quería terminar en 12 horas.
La bici no va bien y mi cuerpo sencillamente le dice NO a los geles y barritas. En un intento de obligarme a comer comienzo a vomitar. Preferí no correr riesgos, si vomitaba me quedaría vacío, así que decidí esperar a tener hambre.
Bajo el mirador no tan rápido como el resto de bicicletas consciente de que la rueda podría decir basta en cualquier momento pero aún así intento llegar al límite.
Los kilómetros se hacían cada vez más pesados y las fuerzas físicas eran casi nulas.
Comenzamos a subir el último puerto, el famoso Mirador del Río. No quería pensar más en la avería ni en los inconvenientes, sólo quería centrarme en lo que me había costado llegar hasta aquí y que por ningún motivo dejaría pasar la oportunidad de triunfar.
Era una subida brutal pero los bellos paisajes alivianan el camino.
Al llegar arriba veo con desilusión que no hay ningún coche de asistencia mecánica, pero da igual por que ahora queda bajar de vuelta a Puerto del Carmen.
Comienzo a coger velocidad y no más allá de un kilómetro escucho una pequeña explosión. Quise pensar que no era yo, que quizá una bombona de CO2 había explotado, pero no, había pinchado la rueda trasera. Rápidamente paro y unas chicas que estaban animando me brindaron su ayuda. Saco el kit de reparación y cambio la cámara. Como suele pasar en estos casos se crea un complot de los elementos para que todas las cosas funcionen más lento. Pero a pesar de todo logro ponerme en marcha otra vez. Suelto un grito de rabia que desaparece en el aire mientras cojo velocidad nuevamente. Pero sólo unos metros más adelante: BANG!!!! Otro pinchazo joder!!!!!! No lo podía creer. El destino me estaba poniendo a prueba y casi me hace picar. Sin prisa pare y con resignación repito el mismo procedimiento que hace sólo unos minutos atrás. Ese fue el momento en el que apareció el nada deseado MURO. El muro que te hace preguntarte: ¿Pero qué necesidad tengo yo de estar haciendo esto? ¿Quien cojones quiere que este bonito desafío no termine bien? En esos momento mucha gente cae... Pero yo no.
Ya no tenía bombonas de CO2 así que hinche como pude la rueda con el bombín. No entraba airé suficiente pero decidí seguir siendo consciente de que sí pinchaba una vez más tendría que retirarme.
Los siguientes 60 kilómetros del circuito ciclista lo hice casi todo el tiempo de pie intentando no poner mucho peso en la rueda trasera. El cuerpo aún aguantaba sin comer, pero la cabeza me estaba fallando.
Casi entre lagrimas llegue a la segunda transición. Había sido capaz de sobreponerme a ese circuito maldito pero no tardo en darme cuenta que esto no hacía más que empezar, lo que seguía era correr 42 kilómetros. ¡¡¡Una maratón!!! En ese momento el "muro" llego al cielo y logro poner en mi mente la palabra RETÍRATE. Pero no lo haría, no había entrenado 18 meses ni había traído a mi mujer ni a mis niñas hasta ahí para retirarme. A mi me sacaban de allí en camilla pero jamás siendo consciente. No te daré ese gusto adversidad de mierda, dije.
Rápidamente deje la bici y entre a boxes de la T2. Zapatillas, visera y a correr.
Nada más salir veo a Iris y rápidamente le cuento lo que me paso, no quiero perder más tiempo y antes de dar la primera zancada escucho un grito de VAMOS CHILENO MIERDA que me puso en marcha.
Comienzo a buen ritmo pero mi cuerpo no lo aguanta mucho tiempo, estaba vacío y acusaba los 100 kilómetros en bicicleta sin comer.
Mi objetivo era terminar el Ironman y mi cuerpo no me ayudaría así que tocaba sacar el armamento de guerra, Mi cabeza.
Nunca me había visto en una situación así. Nunca me había enfrentado al dolor y la fatiga de esa manera pero había que hacer algo, lo que fuera por ser finisher.
Logre tener una conversación en toda regla conmigo mismo, haciéndome preguntas y respondiéndome. Pensé en cada una de las personas que me ayudaron a llegar allí y a la gente que me dejaron saludos de ánimo en el Facebook los días previos. Gente que ni siquiera me conocía pero que querían que mi sueño se hiciera realidad. Me acorde de mis padres que estaban en Chile y me alegre de que no pudieran estar ahí para no verme sufrir. Me acorde de mi Chile, me acorde del pequeño gordito sin gracia que fui en mi San Javier natal. De ese niño que nadie daba un peso por el y que ahora era el único Chileno compitiendo en esta locura de prueba deportiva.
Pensé en mi hermano, al que tantas veces seguí en eventos deportivos y ese día teníamos que cambiar roles.
Me acorde de mis hijas, de la gran cantidad de veces que se quedaron con las ganas de jugar con Papa por que el tenía que salir a entrenar. Los madrugones involuntarios para colgárse un cartel de ánimo para el viejo loco que se le había ocurrido convertirse en superhéroe. Sólo quedaban unos kilómetros y después de pisar la línea de meta vuestro Papito os pertenecerá eternamente para lo que queráis.
Y por supuesto me acorde de mi mujer, de la mujer que se acostumbro a ser madre y padre a la vez durante este último año y medio. La mujer que madrugo a la par conmigo para servirme un café antes de salir a los triatlones. Mi mujer, mi musa, la que mueve mi mundo, la que me haría llegar al final.
Tengo que correr 3 vueltas, 1 vuelta de 20 kilómetros y 2 vueltas de 11 kilómetros cada una. Ya no pienso en el tiempo que haré ya que los inconvenientes hacían imposible lograr lo que me había propuesto. Pero el gran objetivo aún se podía conseguir.
Casi término la primera vuelta y antes de llegar al punto de control me acerco una vez más a Iris y las niñas. Me miran con cara extraña, tengo la cara desencajada de la fatiga. Les beso y en ese momento aparece otra vez la mujer que en más de alguna ocasión me ha sacado del agujero. Cuando vio en mi cara que no podía más, saco un móvil y me puso mi canción favorita. Pearl Jam:"Man of the hour". La canción que nos hizo llorar en algún momento de nuestra vida juntos, nos llevaría a cumplir el sueño, nuestro sueño, porque esté mérito sería tan tuyo como mío. Porque en esta locura todos seríamos ganadores, yo solo pondría mi cuerpo para conseguirlo. Ellas ya habían hecho su trabajo, ahora quedaba que yo terminara el mío. No se de dónde saque la fuerza pero seguí corriendo en busca de completar la segunda vuelta. Antes de completarla pensé pedirle a mi hermano que me acompañara en la última vuelta. Como es nuestra compenetración que después de recibir la última banda el se puso a correr al lado mío sin haberle dicho nada.
Fue una vuelta agradable. Intercalábamos kilómetros de conversación y risas con otros de un trote cansino pero agotador. Esa última vuelta la hice con la mejor persona posible. El que mejor entendía lo que estaba a punto de lograr.
A 3 kilómetros para terminar le digo que vaya a meta porque quiero entrar con ellos. Siempre pensé terminar mi primer Ironman solo y disfrutando del momento, pero no habría sido justo. Estaba a punto de terminar sólo por ellos. Si no hubiesen estado seguramente habría tirado la toalla hace horas.
Veo a mi hermano perderse al final de la avenida y comparto unas palabras con un triatleta Danés.
Como por arte de magia me veo corriendo a un ritmo vertiginoso y con una enorme sonrisa en la boca.
Mientras me acerco a la meta, entre la gente que no deja de aplaudirnos, miles de imagenes de momentos de los ultimos meses pasan por mi mente. Tantas horas de entrenamiento, de sacrificio y de esfuerzo estaban llegando a su final.
Ya veo el arco verde iluminado coronado por un gran logo de Ironman. Pensé que lloraría pero no lo hice, apenas llego donde estaba mi familia cojo a Paz en mi brazo izquierdo y doy mi mano derecha a Hannah mientras Iris filmaba la entrada y nada más cruzar la meta le quitó de las manos la cinta de meta a la voluntaria y suelto un rugido para hacer saber al mundo que había sido capaz de cumplir lo que hace mucho tiempo había prometido hacer, que había sido capaz de cumplir mi sueño, que al cruzar esa línea de meta había dejado de ser una persona común y corriente para pasar a ser parte de un pequeño grupo de héroes, que me acaba de convertir en un HOMBRE DE HIERRO. Despues de recibir la medalla que me proclamaba Ironman me fundí en un beso con Iris que no dejaba de recordarme lo que había logrado.
La humildad es lo que diferencia a los grandes y tan humilde fue mi hermano que no quiso ser parte de esa entrada a un sueño.
Mientras besaba y abrazaba a las niñas una mano golpeaba cariñosamente mi cabeza. Era Kenneth Gasque, aquel hombre que tantas veces vi en los vídeos de las anteriores ediciones del Ironman de Lanzarote recibiendo a los súper hombres,me estaba dando la bienvenida a mi a su selecto club de héroes.
Lentamente fui dejando atras esa tan soñada meta asimilando lentamente que el sueño se había convertido en realidad. Pero mientas me alejaba me iba preparando de como decirle a mis hijas(y a quien fuera necesario) que sí quieren algo, que lo busquen. Que sí se proponen algo, que lo consigan. Y que sí creen en los cuentos de príncipes, que sigan creyendo, porque quizá el príncipe nunca llegue, pero puede que llegue un Hombre de Hierro, que llegue un IRONMAN.
Gracias a cada uno por hacerme cumplir el sueño.





